jueves

PAUL AUSTER - UN HOMBRE EN LA OSCURIDAD (A man in the dark)



Antes del amanecer


Por Mijal Bloch

La noche es un mundo de infinitas posibilidades. En la oscuridad, la imaginación es libre. No hay papel donde fijar las ideas. Sólo memoria, pensamientos descarrilados. A man in the dark, la última novela de Paul Auster, es el relato de esa condición. Allí nos pasea por ingeniosas historias que cierran de pronto, o que no son muy desarrolladas. Al mismo tiempo, nos distrae con los típicos juegos de paralelos y cajas chinas, que ya visitamos en la trilogía de NY. Estamos ante las múltiples posibilidades del lenguaje, y sobre todo, frente a un narrador-personaje que ha vivido, y ha sentido la muerte de cerca. Una voz que, como la novela, explora los artilugios del relato para evitar el tema central: esa herida que poco a poco irá desvelando.


Se apaga la luz


En la noche de su cuarto, August Brill imagina historias para engañar el insomnio. Su cuerpo está postrado en la parálisis, pero su voz es la de un hombre fuerte. Aún después de siete décadas, dos matrimonios, la viudez y un accidente que lo dejó inmóvil, sus palabras figuran un par de ojos brillantes y un corazón de primera. El dolor, sin embargo, lo fuerza a consolarse con historias. Así, entre las sábanas oscuras de este viejo escritor, nace el joven Owen Brick, un mago newyorkino, que despierta una tarde en la siguiente ucronía:

Otoño de 2007, el 11-S nunca existió. Estados Unidos jamás sufrió aquella fisura, pero está en guerra civil desde varios años atrás. El presidente es G. W. Bush y Nueva York, la primera en plantear la secesión.

¿En qué quedó el nacionalismo yanqui sin el atentado al World Trade? Fuera de la paranoia antiterrorista, el país no tiene razón para mantenerse unido. De este modo, las víctimas surgen al interior de la frontera.

August imagina a Owen abducido por unos militares, que lo obligan a asesinar al responsable de su situación, el anciano que ha inventado este universo paralelo:

-¿Cómo?- dice el joven mago-
-Simple: August lo ha creado para que usted lo mate.
-Así que ahora es un suicidio.
-Indirectamente, sí.

En la noche del autor, una ficción kamikaze, atiborrada en lutos y separación… Y en el fondo de ese cargado saco, otro joven, muerto en Irak… Cuando ya parece tratarse de un libro sobre dramas humanos y entrañables, Un hombre en la oscuridad desata la furia y nos pone frente a un hecho de alcance específico: la guerra.

Es un vértigo leer un texto escrito hace dos años, donde se menciona un enfrentamiento que prosigue en cada una de las líneas. El viejo corazón de Brill encuentra, al final del camino, que el duelo por su esposa fallecida es igual al de su nieta por un joven asesinado en un conflicto más absurdo que la vida misma.

August busca olvidar una autobiografía que está cruzada con nuestra realidad actual. En la penumbra, relata lo poco que él quiera contarnos de sí mismo y la posible desventura de Owen. Hay un desgarro que le impide una historia total, una típica narración estadounidense. La voz de Brill funciona más como un work in progress que una escritura. Vuelta de tuerca al gran relato joven de iniciación, aquí el escritor está en el post de cualquier utopía: en lugar de inaugurarse con libros, cierra su vida escribiendo en el aire. Corta, se interrumpe bajo la sombra del dolor.

En este sentido, una nueva pista para los lectores: la salida al cuarto cerrado es la entrada de una mujer en la oscuridad… Enigmático… No resolvamos ahora. Eso sí, nombremos, para terminar, el otro consuelo del personaje: apagar las luces, bajar las persianas, encender el proyector. El cine es la otra caja negra, llena de relatos, que aparece en esta novela. A través de Yasujiro Ozu y sus films de posguerra, Brill vuelve a los temas del duelo y la invención. Luz, cámara, seguir adelante en este mundo peregrino.

Para quienes guste la idea, leer mirando Providence, de Alain Resnais.














Enero de 2009, inédito